“Tenías 4 o 5 años. Tu madre vivía en esa casa porque trabajaba tiempo completo. Tú creciste allí durante una temporada.”
Recordé a un niño corriendo detrás de mí.
Cabello negro.
Una risa.
“Mateo.”
“Sí.”
El abuelo apretó los labios.
“Después de que murió la madre de Mateo, Guillermo comenzó a acosar a tu mamá. Le ofrecía dinero, regalos, un departamento. Cuando ella lo rechazó, la despidió.”
“¿Eso fue todo?”
“No.”
Su voz se endureció.
“Usó sus contactos para que ninguna familia importante quisiera contratarla. Tu mamá pasó meses buscando trabajo. Guillermo quería demostrarle que nadie le decía que no.”
Recordé gritos.
Una puerta.
La mano de mi madre apretando la mía.
“Yo vi algo.”
“Sí. Estabas ahí la última vez que discutieron.”
“¿Y Mateo?”
“También.”
Octavio miró a Valentina.
“Cuando ustedes se fueron, Mateo salió detrás del coche llorando.”
Todo dentro de mí comenzó a moverse.
Casi 2 años atrás había conocido a Mateo en una presentación de libros en Guadalajara.
Él había escuchado mi nombre.
Después se había acercado.
“¿Mariana Torres?”
Yo pensé que simplemente estaba intentando iniciar una conversación.
Ahora ya no estaba segura.
“Abuelo… Mateo sabía quién era yo.”
Octavio no respondió.
Entré a la casa con Valentina en brazos y fui directamente a mi habitación.
En el fondo del clóset seguía la caja de cedro que había pertenecido a mi madre.
Leave a Comment