RTE 2: EL MENSAJE QUE LOS DESTRUYÓ

Me acerqué despacio.
—Estoy aquí.
Clara movió los labios.
Tuve que inclinarme para escucharla.
—Mi papá…
—Está detenido.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Querían que firmara.
Apreté su mano.
—Lo sé.
Ella comenzó a llorar en silencio.
—Les dije que no.
—Hiciste lo correcto.
Clara cerró los ojos.
Después susurró algo que me heló.
—Había diez.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—No eran nueve.
Miró hacia la puerta.
Puertasy ventanas
—Había otra persona.
Salí inmediatamente y llamé al fiscal.
Revisaron las cámaras del edificio donde había ocurrido la agresión.
A las 11:17 de aquella noche, nueve miembros de la familia habían entrado.
Pero minutos antes había llegado otra persona.
Una mujer.
Gafas oscuras.
Abrigo largo.
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