Mateo, en la grabación, no contestaba.
Solo miraba al piso.
Pero el Mateo del juzgado miraba al juez.
Como si por fin alguien pudiera escuchar lo que él no había podido gritar.
El juez apretó la mandíbula.
—Siguiente archivo.
El segundo era un audio.
La voz de Ricardo sonaba tranquila, casi burlona.
—No, Daniela, no te preocupes. Mañana la dejo sin los niños. Después de eso, Marisol no va a tener ni fuerzas para pelear. Le voy a demostrar que sin mí no es nadie.
Una mujer se rió al otro lado.
—¿Y si el niño habla?
Ricardo soltó una carcajada.
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