El muchacho sacó el celular de inmediato.
—Ya.
Otra alumna se puso de pie.
—Yo también lo grabé. Lo voy a borrar.
Luego otro.
Y otro.
Fue como ver caer una fila de máscaras.
La directora tomó de nuevo el micrófono.
—Antes de continuar con la ceremonia, quiero ofrecer una disculpa pública. A Aarón, a su mamá y a la memoria de Mariana. Esta escuela debió preguntar antes de pedirle a un alumno que escondiera su dolor para que los demás se sintieran cómodos.
Yo sentí que algo dentro de mí, algo que llevaba meses apretado, se aflojaba por primera vez.
La directora volteó hacia la pantalla.
—Mariana Mendoza Rivera forma parte de esta generación. Y merece ser nombrada.
El auditorio entero se puso de pie.
Primero fue un aplauso tímido. Luego creció. Luego se volvió enorme.
Aarón cerró los ojos, sosteniendo la flor con ambas manos.
Yo lloraba sin vergüenza.
En la pantalla apareció:
“Mariana Mendoza Rivera. In memoriam.”
Debajo, la foto de ella con el vestido rojo.
No sé cuánto duró el aplauso. Tal vez 1 minuto. Tal vez una vida entera.
Cuando Aarón bajó del escenario, ya no caminaba como alguien que atravesaba una burla. Caminaba como alguien que había cumplido una promesa imposible.
Lo abracé tan fuerte que casi tiramos el birrete.
—Perdóname —le dije.
—¿Por qué?
—Por haberte pedido que no lo hicieras.
Aarón apoyó la frente en mi hombro.
—Tenías miedo.
—Sí.
—Yo también.
Benjamín se acercó con nuestras cosas en las manos. No intentó abrazarlo. No pidió una respuesta inmediata. Solo dijo:
—Tu mochila.
Aarón la tomó.
—Gracias.
Fue poco, pero también fue mucho.
Al salir del auditorio, varias personas se acercaron. Una señora llorando me tomó las manos.
—Yo fui una de las que se rió cuando entraron —confesó—. Perdóneme. No sabía.
La miré.
Estuve a punto de decirle que no importaba.
Pero sí importaba.
—La próxima vez pregunte con el corazón antes de reírse con la boca —le contesté.
La mujer asintió, avergonzada.
En el estacionamiento, mi celular vibró.
Era Héctor.
Alguien le había mandado el video completo.
Su mensaje decía:
“Debí estar ahí.”
Me quedé mirando la pantalla.
Aarón vio el nombre.
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