El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

—Bien. Hay que mantener este parque seguro.

Subió la ventanilla y se marchó.

Sergio levantó a don Manuel de un tirón y lo llevó hacia el coche patrulla.

La gente abrió paso.

Móviles en alto.

Cuarenta cámaras grabando.

La niña que lloraba se soltó de su madre y preguntó:

—Mamá, ¿ese señor es malo?

La madre, con lágrimas en la cara, negó.

—No, cariño. No es malo.

Sergio abrió la puerta trasera del coche.

Puso la mano sobre la cabeza de don Manuel y lo empujó hacia dentro.

Pero lo hizo mal.

A propósito.

La frente de don Manuel chocó contra el marco.

Toc.

—Cuidado con la cabeza, abuelo —dijo Sergio, con una sonrisa.

La puerta se cerró.

Metal contra metal.

Don Manuel quedó sentado atrás, esposado, tranquilo.

Como si estuviera esperando el autobús.

Sergio se sentó al volante.

Ricardo, a su lado.

—Central, aquí Molina. Un detenido por desobediencia, alteración del orden y resistencia. Camino a comisaría.

La radio respondió:

—Recibido.

Hubo una pequeña pausa.

Una duda.

Porque tres minutos antes, una operadora había recibido una llamada extraña de alguien que decía hablar en nombre de la Agencia Nacional preguntando por el director Rivas.

Ella pensó que era una broma.

Ahora ya no estaba tan segura.

En el asiento trasero, don Manuel miraba hacia delante.

Sergio lo observó por el retrovisor.

—¿Cómodo? Seguro que no está acostumbrado a ir en patrulla.

Don Manuel no contestó.

Ricardo preguntó:

—¿Le sacaste identificación?

—Nada. Ni cartera, ni móvil. Sospechoso.

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