El rostro de papá se volvió gris.
Aquella tarde, la policía localizó a Vanessa y Grant en un motel a sesenta y cinco kilómetros de distancia.
Grant fue arrestado por fraude financiero.
Vanessa fue llevada para ser interrogada.
Insistió en que la llamada falsa sobre la muerte había sido idea de Grant.
Según ella, Grant afirmó que papá había muerto durante la noche y que Harold lo había confirmado.
Admitió haber hecho la llamada.
Admitió haber intentado transferir el dinero.
Admitió saber que el poder notarial era sospechoso.
Pero negó haber planeado hacer daño a papá.
Entonces los investigadores le mostraron la autopsia de Harold.
No había muerto de forma natural.
Había sido envenenado.
El veneno coincidía con el mismo medicamento que papá tomaba para el corazón.
Vanessa se derrumbó.
Grant pidió un abogado.
Papá no habló durante casi una hora después de escuchar la noticia.
Pensé que habíamos llegado a la peor parte.
Me equivocaba.
A la mañana siguiente, Margaret llamó.
—Los dos tienen que venir a mi despacho.
Llegamos poco antes de las once.
Vanessa ya estaba allí.
También el detective Santos.
Parecía completamente destrozada.
Ya no llevaba máscara de pestañas.
Tenía los ojos hinchados.
Cuando vio a papá, susurró:
—Lo siento.
Él no dijo nada.
Margaret colocó la vieja caja metálica sobre la mesa de conferencias.
—Esto pertenecía a Elaine.
Mamá.
Papá frunció el ceño.
—Pensé que habías dicho que era tuyo.
—Mentí.
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