Al enterarse del embarazo, su esposo le propuso trasladar a Luna a un centro especializado para evitar cualquier riesgo. Emily rechazó la idea de inmediato. Estaba convencida de que la serpiente nunca había mostrado señales de agresividad y confiaba plenamente en ella.
Con el paso de los meses, comenzaron a ocurrir cosas difíciles de explicar.
Cada noche, Luna subía a la cama y se acomodaba junto al vientre de Emily. En ocasiones rodeaba por completo su barriga y permanecía inmóvil durante largo tiempo, sin apartarse ni un instante. Al principio la escena les parecía enternecedora. Emily incluso grababa videos y los compartía en internet, donde miles de personas comentaban lo increíble y adorable que resultaba aquella amistad.
Pero poco después todo cambió.
La anaconda dejó de alimentarse casi por completo.
El esposo de Emily intentó ofrecerle conejos y carne de pollo en varias ocasiones, pero Luna ignoraba la comida y se alejaba lentamente. Aun así, cada noche regresaba al mismo lugar, apoyando su cuerpo sobre el vientre de la futura madre, como si percibiera algo que nadie más podía notar.
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