Claire no dijo nada.
Evelyn siguió adelante.
Su calma era más aterradora que su rabia.
“¿Envenenaste mis embarazos?”
La boca de Claire se torció.
“Veneno es una palabra tan fea.”
Lily jadeó.
Mara se abalanzó hacia adelante, pero Caleb la sujetó del brazo.
Evelyn no se movió.
Los ojos de Claire brillaron. “Hice algunos ajustes. Tu preciado doctor estaba ahogado en deudas de juego. Le di una salida”.
Harrison retrocedió tambaleándose hasta chocar contra la pared.
“Ustedes mataron a mis hijos.”
Claire lo miró fijamente. “Nuestro futuro estaba en juego”.
“¿Nuestro?”
“Sí, Harrison. Nuestro futuro. Querías un hijo. Te lo di.”
La voz de Preston se quebró. —Dijiste que papá te quería.
Claire lo miró. —Me necesitaba.
“Eso no es lo mismo.”
Las palabras vinieron de Evelyn.
Claire se giró hacia ella, con el veneno aflorando.
“Siempre me miraste como si fuera suciedad en tu zapato.”
“Apenas te miré.”
Eso hirió a Claire más que cualquier insulto.
Su rostro se enrojeció.
“Tenía veintiséis años. Era invisible. Iba a buscar café a hombres que me llamaban cariño. Y ahí estaba usted, señora Vale, con perlas, en esa mansión, con todo.”
Los ojos de Evelyn se llenaron de lágrimas, pero su voz se mantuvo firme.
“Quería tener un hijo. Eso era todo.”
Claire sonrió con crueldad.
“Y yo no quería ser nada.”
El agente dio un paso al frente. “Claire Vale, queda usted arrestada”.
Claire retrocedió. “No.”
Se le cayó el bolso.
Una pequeña memoria USB se deslizó por el suelo.
Jonás lo vio primero.
Lo recogió con una servilleta.
El rostro de Claire cambió.
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