Después continuó trabajando como si nada hubiera ocurrido.
Horas más tarde, cuando aterrizaron en Florencia, Adam encendió el teléfono.
Decenas de notificaciones aparecieron.
Su acceso corporativo había sido suspendido.
Sus tarjetas estaban bloqueadas.
La junta había convocado una reunión extraordinaria.
Y el abogado de Dakota había enviado los documentos de divorcio.
Adam corrió detrás de ella.
—¡Dakota!
Ella se detuvo en la terminal.
—Nueve años no pueden terminar así.
Dakota lo miró tranquilamente.
—No terminaron hoy.
Hizo una pausa.
—Terminaron cada vez que me miraste a los ojos después de volver de uno de esos hoteles.
Adam quedó sin palabras.
Trinity apareció detrás.
—¿Y yo qué hago ahora?
Adam se giró hacia ella.
Dakota casi sintió lástima.
Casi.
Entonces Trinity recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos y palideció.
—¿Qué significa que están investigando las transferencias?
Adam se congeló.
Dakota también.
—¿Qué transferencias? —preguntó Adam.
Trinity colgó.
—Las que hiciste a mi cuenta.
—Nunca transferí dinero a tu cuenta.
Silencio.
Trinity retrocedió.
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