En Mi Cumpleaños 70, Mi Hijo Me Sirvió Croquetas Sin Imaginar Que Esa Humillación Lo Dejaría Sin Casa,lksr Sin Dinero Y Sin Máscaras

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En Mi Cumpleaños 70, Mi Hijo Me Sirvió Croquetas Sin Imaginar Que Esa Humillación Lo Dejaría Sin Casa, Sin Dinero Y Sin Máscaras

Cristianismo

PARTE 1

Don Armando Salcedo cumplió 70 años un sábado nublado en la colonia Narvarte, en la Ciudad de México.

Despertó temprano, antes de que sonara el primer camión de la basura, y se puso el delantal azul que su esposa Rosario le había regalado cuando todavía podían reírse de las cuentas, de los achaques y de la vida.

Rosario había muerto hacía 8 años.

Desde entonces, Armando vivía en la misma  casa que compraron juntos después de 34 años vendiendo refacciones en La Merced. No era una mansión, pero tenía paredes llenas de historia, una bugambilia en la entrada y una mesa de madera donde Rosario sirvió caldito de pollo cada vez que alguien llegaba triste.

Su único hijo, Julián, también vivía ahí.

Según él, era temporal.

Temporal fue cuando llegó con 2 maletas y una deuda en la tarjeta.

Temporal fue cuando perdió su empleo de vendedor.

Temporal fue cuando metió a su novia, Brenda, con uñas larguísimas, perfume caro y una risa que nunca sonaba sincera.lksr

Temporal llevaba ya 4 años.

Julián tenía 38, muchas frases de emprendedor, cero disciplina y una habilidad tremenda para hacer sentir culpable a su padre cada vez que Armando se atrevía a preguntar cuándo iba a aportar algo.

Crianzade los hijos

Brenda no trabajaba.

O decía que trabajaba “desde redes”, aunque lo único que subía eran fotos en restaurantes pagados con la tarjeta adicional de Armando.

Ese sábado, don Armando  cocinó para su propio  cumpleaños.

 

 

Hizo mole rojo, arroz, frijoles de olla, ensalada de nopales, tortillas calientes y compró un pastel de tres leches en la panadería donde Rosario apartaba conchas cada domingo.

Mientras cocinaba, imaginó una mesa sencilla.

Julián sentado frente a él.

Brenda al menos fingiendo respeto.

Tal vez una llamada de su nieta Sofía, a quien casi no veía desde que Brenda llegó a la familia.

Tal vez un “gracias, papá”.

Tal vez nada grande.

parte2

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