Qué conveniente. Te vuelves empresaria, apareces en revistas y ahora vienes por el apellido.
Andrés, que había permanecido a unos metros junto a la entrada, dio un paso al frente.
—La señora Torres tiene más patrimonio personal que toda la deuda acumulada de Constructora Cárdenas. No vino por su apellido. De hecho, su empresa rechazó invertir en ustedes hace 3 meses.
Rodrigo volteó sorprendido.
Su compañía llevaba casi 1 año buscando capital, pero nunca imaginó que Valeria se dirigía al fondo que los había rechazado.
Ella no sonrió.
—No mezcles los negocios con esto, Andrés. Hoy no se trata de quién tiene más.
—Tienes razón —respondió él—. Se trata de que dejen de tratarte como si aún fueras la muchacha a la que pudieron echar sin consecuencias.
Renata se quitó lentamente el velo.
—Necesito saber algo —dijo—. ¿Tú la dejaste porque creíste que no podía tener hijos? Biología
Rodrigo cerró los ojos un instante.
—Los estudios dijeron que ambos teníamos dificultades.
—No fue eso lo que él entendió —intervino doña Teresa—. El médico fue claro respecto a ella.
Valeria sacó otra hoja.
—No. El médico fue claro respecto a los 2. Aquí está el informe completo.
Rodrigo tomó el documento. Leyó primero el nombre de Valeria y después el suyo.
“Conteo espermático bajo. Probabilidad reducida, no inexistente”.
Su rostro cambió.
—Mamá, tú me dijiste que mis resultados eran normales. Embarazoy maternidad
Doña Teresa mantuvo la barbilla en alto.
—Te dije lo que necesitabas escuchar para tomar una decisión responsable.
—Me mentiste.
—Te protegí.
—¿De qué? —preguntó Rodrigo, alzando la voz por primera vez—. ¿De una mujer que me amaba? ¿De mis propios hijos?
Valeria respiró hondo.
—Hay algo más.
Sacó su teléfono y reprodujo una grabación antigua, guardada durante 5 años.
La voz de doña Teresa sonó clara:
“Rodrigo no quiere saber nada de ti. Si estás embarazada, resuélvelo sola. No vuelvas a llamar ni intentes arruinar la vida que le estamos preparando”.
Rodrigo se quedó inmóvil.
—¿Cuándo fue eso?
—La mañana después de mi ultrasonido —respondió Valeria—. Llamé a tu oficina. Tu madre contestó tu celular porque tú estabas en una junta. Embarazoy maternidad
—¿Por qué no intentaste otra vez?
Valeria lo miró con dolor.
—Porque acababas de divorciarte de mí. Porque me dejaste sola en el consultorio cuando recibimos los resultados. Porque escuchaste a tu madre llamarme una carga y no dijiste nada. Yo estaba embarazada, asustada y humillada. No iba a perseguir a un hombre que ya había decidido no elegirme.
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