Las palabras que llevaban semanas guardadas
Doina intentó intervenir defendiendo a su hijo, alegando que solo había sido una broma y que no era para tanto. Pero Mariana, sin levantar la voz, se dirigió a ella con firmeza:
- Llevaba tres semanas recibiendo indicaciones constantes sobre cómo cocinar, lavar, planchar y atender a su esposo.
- Había guardado silencio por mantener la armonía en casa.
- Esa noche había entendido que si la paz de un hogar depende de que siempre sea la misma persona la que se humille, entonces no es paz.
Ionuț se pasó la mano por la cara. Su tono jovial había desaparecido. Intentó justificarse diciendo que se le había escapado, pero Mariana no lo dejó esconderse detrás de excusas: no se le había escapado, lo había repetido, y le había gustado ver a su madre reírse con él.
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