Había visto miedo, esperanza, dolor y milagros, todo envuelto en la misma pequeña manta.
Pero Wade no parecía alguien que perteneciera al entorno de bebés nacidos prematuramente.
Entonces el bebé de la cama nueve empezó a llorar.
Y todo cambió.
En su historial solo ponía Bebé varón Nolan.
Sin nombre de pila.
No había fotos familiares pegadas junto a su incubadora.
No se permiten animales de peluche.
No se permiten globos.
No había abuelos orgullosos esperando en el pasillo.
Llegó al mundo demasiado pronto.
Demasiado pequeño.
Y demasiado sola.
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