Y él, con todo su dinero, ni siquiera sabía que ella era madre.
El día 11, el investigador llamó.
Habían localizado a Julián en un poblado cerca de San Luis Potosí, trabajando en construcción con otro nombre.
Alejandro viajó esa misma tarde.
Lo encontró afuera de una ferretería.
Julián estaba más delgado, con barba, gorra vieja y las manos llenas de cemento.
Los 2 hermanos se miraron durante varios segundos.
—Alex…
Alejandro quiso reclamarle 6 años enteros.
Quiso preguntarle por su madre.
Quiso golpearlo.
En lugar de eso, lo abrazó.
Julián comenzó a llorar.
—Perdóname, güey. La regué.
Alejandro también lloró.
Después le habló de Mariana.
Y de Daniel.
Julián se desplomó en una banca.
—¿Están bien?
—Sí. Pero no gracias a ti.
Julián aceptó volver cuando Alejandro le explicó que las deudas ya estaban siendo negociadas legalmente y que esconderse ya no protegía a nadie.
Solo prolongaba el daño.
El reencuentro ocurrió 4 días después, en el jardín de la mansión.
Daniel miró a Julián con una mezcla de curiosidad y miedo.
—¿Tú eres mi papá?
Julián se arrodilló.
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