El multimillonario despertó a medianoche… y vio a su prometida arrastrando a la empleada inconsciente por el pasillo

El multimillonario despertó a medianoche… y vio a su prometida arrastrando a la empleada inconsciente por el pasillo

PARTE 2

Durante varios segundos, Alejandro solo escuchó el pitido del monitor.

Su hermano estaba vivo.

6 años de duelo, una madre consumida por la tristeza, una tumba simbólica sin cuerpo, aniversarios que nadie quería celebrar… y todo había sido construido sobre una mentira.

—Eso no puede ser cierto.

Mariana bajó la mirada.

—Lo conocí 2 años después del accidente. Yo trabajaba por las noches en un restaurante de Querétaro. Él llegaba seguido, usaba otro nombre y nunca hablaba de su familia.

Al principio ella creyó que era un hombre huyendo de un divorcio o de una deuda común.

Después se enamoró.

Cuando Mariana quedó embarazada, Julián le confesó quién era.

Había fingido el accidente porque debía dinero a personas peligrosas que llevaban meses amenazándolo. Pensó que desaparecer sería la única forma de proteger a todos.

No imaginó que su madre se derrumbaría.

No imaginó que Alejandro cargaría con la culpa.

Y tampoco imaginó que tendría un hijo.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Alejandro.

—No lo sé. Desapareció hace 8 meses. Dijo que volvieron a encontrar su rastro y que era mejor alejarse de Daniel.

La voz de Mariana se quebró.

—Entré a trabajar en tu casa porque necesitaba dinero. Y porque… no sé, tal vez estar cerca de ustedes me hacía sentir que Daniel no estaba tan lejos de su familia.

Alejandro se cubrió el rostro.

—¿Qué tiene que ver Valeria con esto?

Mariana palideció.

—Hace 3 semanas encontré transferencias en su despacho. Pagos enormes a nombres que Julián me había mencionado años atrás.

—¿Pagos para qué?

—Para encontrarlo.

Alejandro levantó la vista.

Mariana continuó.

El padre de Alejandro había dejado la fortuna dentro de un fideicomiso familiar. Si Julián aparecía con vida antes de cumplirse 7 años del supuesto accidente, la herencia se repartiría 50/50 entre los 2 hermanos.

Valeria había descubierto la cláusula.

Y también había descubierto otra condición.

Llevaba meses presionando a Alejandro para que firmara antes de la boda un acuerdo patrimonial que le transferiría participaciones y derechos económicos sobre parte de los bienes que él recibiría al cerrarse definitivamente el fideicomiso.

Si Julián reaparecía antes, el patrimonio de Alejandro se reducía.

Si no aparecía hasta después de la boda y del cierre del fideicomiso, Valeria aseguraba su posición económica.

—¿Me estás diciendo que quería que mi hermano siguiera desaparecido por dinero?

—Peor —susurró Mariana—. Quería encontrarlo antes que tú.

Alejandro sintió náuseas.

Mariana había escuchado una llamada 3 días antes. Valeria no pagaba para proteger a Julián.

Pagaba por información sobre su escondite.

Y sobre Daniel.

Cuando Mariana la confrontó aquella noche, Valeria entró en pánico.

La sujetó.

Mariana intentó soltarse.

Chocó contra el espejo.

Y cuando perdió el sentido, Valeria trató de moverla antes de que Alejandro despertara.

Pero faltaba algo.

—¿Por qué Daniel? —preguntó Alejandro.

Mariana tardó en responder.

—Porque si no encontraba a Julián, pensaba usar a Daniel para obligarlo a salir.

Ese fue el golpe que terminó de destruir cualquier recuerdo dulce que Alejandro conservara de su prometida.

Regresó a la mansión al amanecer.

Valeria estaba sentada en la sala, impecable, con una taza de café intacta frente a ella.

—¿Cómo está? —preguntó.

—Viva. Y ya me contó todo.

Valeria parpadeó.

—No sé de qué hablas.

—Sé lo de Julián. Sé de las transferencias. Sé del fideicomiso. Y sé que preguntaste por Daniel.

El silencio duró demasiado.

Valeria se levantó lentamente.

—Tú no entiendes lo que significa crecer sin nada, Alejandro.

—No uses tu infancia para justificar esto.

—Claro que lo digo. Tú naciste con chofer, colegios privados, casas en 3 ciudades. Yo vi a mi mamá pedir fiado para pagar la luz. Cuando llegué a tu mundo entendí que los ricos hablan de mérito como si todos empezaran desde la misma línea.

Alejandro no respondió.

Parte de aquello podía ser verdad.

Pero no borraba lo demás.

—¿Me amabas?

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