PARTE 1
“El bebé de una vieja como tú seguro va a salir atrasado.”
Eso me dijo Ricardo tres semanas después de que nació mi hijo.
Yo tenía cuarenta y un años, una cesárea que todavía me ardía al caminar y un niño diminuto pegado a mi pecho como si el mundo entero cupiera en mis brazos. Durante casi diecisiete años de matrimonio, había creído que Ricardo y yo éramos un equipo. No éramos una pareja de novela, eso no. Él no era detallista, nunca me llevó serenata ni me regaló flores sin motivo, pero yo pensaba que era un hombre serio, trabajador, de casa.
Nos costó años tener un hijo.
Leave a Comment