Alejandro dejó de respirar.
¿Accidente?
—¿Y si Alejandro recupera la memoria de aquella noche? —preguntó otro socio.
Verónica respondió sin vacilar.
—No la recuperará. Jamás recordará que los frenos ya estaban manipulados antes de salir de casa.
El silencio cayó sobre Alejandro como un edificio derrumbándose.
No había perdido la vista por un accidente.
Habían provocado el accidente.
Y durante diez meses lo habían estado envenenando para asegurarse de que nunca pudiera descubrirlo.
Marisol sintió cómo él temblaba.
—Señor…
Alejandro levantó lentamente una mano.
—Graba absolutamente todo.
Ella comprobó el pequeño dispositivo escondido bajo su uniforme.
La luz verde seguía encendida.
Cada palabra.
Cada confesión.
Cada risa.
Todo estaba quedando registrado.
En ese instante, el teléfono de Verónica sonó.
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