Papá continuó.
—Nunca vuelvas a pronunciar una sola excusa delante de mi hija.
Linda intervino inmediatamente.
—¡También es culpa de ella! Está embarazada, llora por todo, responde mal…
El capitán la interrumpió.
—Señora.
¿Acaba de admitir que conocía las agresiones?
Ella se quedó inmóvil.
Comprendió demasiado tarde lo que acababa de hacer.
Quince minutos después llegaron dos ambulancias.
No una.
Dos.
Los médicos comenzaron a examinarme de inmediato.
Una doctora pasó el monitor sobre mi abdomen.
Toda la habitación guardó silencio.
Hasta que apareció un pequeño sonido rítmico.
Tum…
Tum…
Tum…
El corazón de mi bebé seguía latiendo.
Sentí que las lágrimas volvían a salir.
La doctora sonrió con alivio.
—El bebé está vivo.
Pero necesita permanecer en observación inmediata.
Papá cerró los ojos durante un instante.
Era la primera vez desde que había entrado al apartamento que parecía permitirse respirar.
Entonces uno de los paramédicos levantó cuidadosamente mi brazo izquierdo.
Observó una antigua fractura mal consolidada.
Frunció el ceño.
—Coronel…
Esto no ocurrió esta semana.
Tiene varios meses.
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