Luego llamó al pediatra de Emiliano y a una ambulancia particular. Después llamó a seguridad del fraccionamiento y pidió que no dejaran salir a nadie de la casa.
Cuando por fin tomó el coche, sus manos ya no temblaban.
Pero al llegar a la calle, vio algo extraño.
Una camioneta blanca estaba estacionada frente a su casa. Dentro había un hombre con una cámara profesional apuntando hacia la ventana del cuarto del bebé.
Alejandro bajó del coche sin hacer ruido y tocó el cristal.
El hombre se sobresaltó.
—¿Quién lo contrató? —preguntó Alejandro.
El fotógrafo intentó guardar la cámara.
—No sé de qué me habla.
Alejandro mostró una credencial de su empresa y dijo con voz baja:
—Si no me responde en diez segundos, llamo a la policía y a todos sus clientes les llega la noticia de que usted fotografía bebés sin autorización.
El hombre palideció.
—La señora Teresa me pagó. Me dijo que la nuera estaba descuidando al niño y necesitaba evidencia para un proceso de custodia.
Alejandro cerró los ojos.
La traición ya no tenía fondo.
Entró a la casa.
El olor a flores blancas lo recibió como si hubiera entrado a una funeraria elegante. Teresa apareció en la sala con su collar de perlas y una sonrisa perfecta.
—Hijo, llegaste temprano. Qué bueno. Valeria tuvo otra crisis. Creo que debemos hablar seriamente de internarla unos días.
Alejandro no contestó.
Caminó hasta la pantalla enorme de la sala, conectó su celular y reprodujo el primer video.
En la imagen, Teresa jalaba del cabello a Valeria.
La voz de la matriarca llenó la casa:
—Vives mantenida por mi hijo y todavía tienes el descaro de quejarte.
La sonrisa de Teresa murió.
—Alejandro… eso no es lo que parece.
Él cambió al segundo video. Las pastillas trituradas. El vaso de agua. La voz de su madre deseando que Valeria durmiera para parecer culpable.
Entonces Valeria apareció en el pasillo, apoyada contra la pared, pálida, confundida, con Emiliano llorando en sus brazos.
Y justo cuando Teresa abrió la boca para defenderse, la puerta principal se abrió.
El fotógrafo entró con una carpeta llena de imágenes.
—Señora Teresa, aquí están las fotos que pidió para hundir a su nuera.
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