El MILLONARIO fingió un ATAQUE AL CORAZÓN… pero la ÚNICA persona que corrió a SALVARLO fue la SECRETARIA que lo HUMILLÓ. Inversiones
El día que Alejandro Santillan se desplomó al suelo durante una reunión de la junta directiva, cada uno interpretó las cosas de manera diferente.
Los cineastas
creían estar presenciando el derrumbe de un imperio. Su socio, Esteban Molina, estaba convencido de que la oportunidad que llevaba meses esperando por fin había llegado. Su prometida, Lucía Arriaga, se llevó una mano al pecho en un gesto teatral, pero su mirada no delataba miedo, sino cálculo.
La única que realmente corrió fue Mariana Reyes.
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La misma Mariana a quien Alejandro había humillado durante tres años con café tibio, correos electrónicos llenos de comas y retrasos que casi nunca eran culpa suya. La misma secretaria ejecutiva a la que apenas miraba cuando entraba en su oficina. La misma mujer a la que todos ignoraban hasta que se arrodilló junto a él, le tomó el pulso con mano temblorosa y gritó:
—¡Llama a una ambulancia! ¡Ahora!
Alejandro, tendido sobre la alfombra gris de la sala de reuniones del piso 48, con los ojos apenas abiertos, no estaba sufriendo un ataque al corazón.
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Estaba fingiendo.
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