Yo no firmé.
Esa noche dormí con una silla arrimada a la puerta.
Ni siquiera sabía por qué.
Quizás porque cuando una mujer ha sido humillada lo suficiente, cualquier sonido empieza a parecerle peligroso.
Bienestaremocional mujer
Al día siguiente, fui sola a la ecografía.
Llevaba un vestido holgado.
Me cepillé el pelo.
Me puse pintalabios, aunque me temblaban los labios.
No para Diego.
Para mí.
Para el bebé que no había hecho nada malo.
La clínica olía a alcohol, a talco para bebés y a miedo.
El doctor Salinas me saludó amablemente.
¿Vino alguien contigo?
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