Contuve la respiración.
Detrás de mí, la postura de Mark cambió.
Completamente.
—¿Qué se supone que significa eso? —exigió.
Nadie le respondió.
Porque lo que fuera que habían encontrado…
Era suficiente.
Suficiente para cambiarlo todo.
El oficial salió.
Su expresión ya no era neutral.
—Señor —dijo, mirando fijamente a Mark—, necesitamos que nos acompañe.
La voz de Mark se endureció. —¿Por qué motivo?
El agente no alzó la voz.
Pero sus palabras impactaron más que cualquier otra cosa aquella noche.
—Porque nos preocupa seriamente su comportamiento y la seguridad de su hijo.
Sophie me abrazó con más fuerza.
La estreché contra mí.
Mark me miró por última vez.
Y esta vez…
No había sonrisa.
Solo ira.
Fría.
Controlada.
Peligrosa.
Pero ya no importaba.
Porque por primera vez…
Él no tenía el control.
Los agentes se acercaron.
Y todo lo que había construido con tanto cuidado…
Empezaba a derrumbarse.
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