“¿Y Sofía?”
Mariana la observó con cuidado.
“Sofía es menor. Pero lo que dijo en la carne asada importa. No para castigarla, sino para probar el ambiente. Todos vieron que Andrés te exigió disculparte por algo que no verificó.”
Lucía tragó saliva.
“Todos vieron. Nadie habló.”
“Eso también habla.”
Durante los siguientes días, Andrés dejó de escribirle a Lucía y empezó a buscar a Renata.
Dile que no destruya a esta familia.
Dile que Sofía está llorando.
Dile que no sea egoísta.
Renata respondió una sola vez:
Lucía tiene abogada. Comunícate con ella.
Luego lo bloqueó.
La llamada inesperada llegó 4 días después.
Lucía no reconoció el número, pero al contestar supo de inmediato quién era.
“Lucía…”
Era Sofía.
Su voz no tenía filo. Sonaba pequeña.
“¿Qué necesitas?”
“Mi papá no sabe que estoy llamando.”
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