“Ven a buscarme” — Su esposo acababa de golpearla en la boda de su hermana… pero el hombre al que llamó era el único monstruo que él jamás debió provocar.

“Ven a buscarme” — Su esposo acababa de golpearla en la boda de su hermana… pero el hombre al que llamó era el único monstruo que él jamás debió provocar.

Parte 2

Las 3 SUV frenaron frente al patio con un chirrido brutal. Las puertas se abrieron casi al mismo tiempo. Bajaron hombres de traje oscuro, enormes, silenciosos, con paraguas negros y miradas que no pedían permiso.

Richard retrocedió un paso.

—Esto es un evento privado. No pueden estar aquí.

La puerta trasera de la primera SUV se abrió.

Damon Pierce bajó sin aceptar paraguas. La lluvia le empapó el cabello negro y el abrigo, pero él caminó como si el clima fuera un detalle menor escrito por alguien sin poder.

—Ava.

No gritó. Su voz atravesó el patio de todos modos.

Detrás de la maceta, Ava soltó un sonido quebrado. Se levantó con dificultad, cubierta de lodo, temblando dentro de la seda arruinada. Damon la vio. Por primera vez, la máscara fría de su rostro se rompió.

Cruzó el patio en 3 pasos y se arrodilló frente a ella, no para tocarla, sino para ponerse a su altura.

—Estoy aquí.

Ava parpadeó, incrédula.

—Viniste.

—Siempre.

Damon se quitó el abrigo y lo puso sobre sus hombros con cuidado. Solo entonces miró la mandíbula hinchada, el corte en la sien, las rodillas raspadas.

El aire pareció bajar de temperatura.

Richard intentó recuperar su voz de esposo respetable.

—Aléjate de mi esposa.

Damon se puso de pie lentamente y colocó su cuerpo entre Ava y Richard.

—¿Tu esposa?

—Sí. Y está confundida. Ella bebe. Se cayó.

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