Pero solo trajo consigo un sobre doblado.
Lo tiró sobre la mesa.
“Deberías leer esto antes de decidir quién será acompañado a dónde.”
No me moví.
Margaret tomó el sobre. Lo abrió, echó un vistazo a la primera página y su expresión cambió.
“¿Qué es?” pregunté.
Me lo entregó.
Era una copia de un acuerdo que databa de nueve años atrás.
Antes de casarme con Claire.
Antes de que Martin se uniera a la empresa.
Antes de que todo esto se complique.
El documento parecía ser un reconocimiento de una inversión privada entre Whitaker Home Solutions y Collins Family Holdings.
Importe: 250.000 dólares.
Objetivo: Capital para la expansión.
Condiciones de reembolso: Conversión diferida en acciones cuando la valoración de la empresa supere los 5 millones de dólares.
Primer firmante: Daniel Whitaker.
Segundo fichaje: Martin Collins.
Tenía la boca seca.
“Esto no es real”, dije.
La sonrisa de Martín reapareció.
“¿NO?”
“Nunca lo firmé.”
“¿Está seguro?”
Fijé mi mirada en la firma. Informática
Se parecía al mío.
No es perfecto. No es exacto. Pero se acerca lo suficiente como para darme náuseas.
Priya extendió la mano. “¿Puedo?”
Se lo di.
Martin me miró con cierto placer.
“Dejaste que mi familia pensara que eras una persona insignificante”, dijo, “porque en el fondo sabías que estabas pisando dinero que no te pertenecía”.
Margaret dio un paso al frente. “Ya basta.”
—No —dijo Martin, con la mirada aún fija en mí—. Ahora quiere la verdad. Démosle la verdad.
Pude sentir los latidos de mi corazón de nuevo.
“¿Qué quieres?”, pregunté.
La expresión de Martín se volvió más fría.
“Mi familia ha sido reintegrada. Mi contrato ha sido restablecido. Las cartas han sido retiradas. Y le pido disculpas a Claire por haberla involucrado en tu pequeña crisis de identidad.” Familia
Priya levantó la vista bruscamente. “Me parece una coacción”.
Martin rió suavemente. “Es una conversación de negocios”.
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