Él se colocó junto a mí.
“No es mentira”, dijo. “Yo entregué la auditoría completa a la Fiscalía. También presenté pruebas contra la notaría.”
Claudia intentó acercarse.
“Jaime, amor, escúchame…”
Él la detuvo con una mirada.
“Mañana te llegan mis papeles de divorcio. Desde hoy, solo hablas con mi abogado.”
En ese momento, las puertas del salón se abrieron.
Entraron agentes de la Fiscalía General y personal de la Unidad de Inteligencia Financiera. No gritaron. No corrieron. No hizo falta. La autoridad verdadera no necesita espectáculo.
Una agente de traje oscuro leyó los nombres:
“Rodrigo Mendoza. Valeria Ríos. Quedan detenidos por falsificación de documentos, fraude, operaciones con recursos de procedencia ilícita y asociación delictuosa.”
Rodrigo levantó las manos.
“Esto es un malentendido. Mariana puede explicarlo.”
La agente le puso las esposas.
Valeria empezó a llorar.
“Rodrigo, dijiste que estaba todo limpio. Dijiste que ella nunca iba a pelear.”
Él la miró con odio.
“¡Tú moviste las cuentas!”
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