PARTE 2
Marisol no negó nada.
No porque no quisiera defenderse, sino porque llevaba 3 años cargando una verdad que ya le pesaba más que el miedo.
—Yo intenté buscarte —dijo con la voz rota—. Te llamé. Fui a tus oficinas. Dejé recados. Me dijeron que estabas de viaje, que no recibías visitas, que no podías atender asuntos personales.
Diego apretó la mandíbula.
—Nunca me llegó nada.
—Eso pensé al principio. Después pensé que sí te había llegado… y que simplemente no quisiste saber.
La frase lo golpeó más fuerte que cualquier insulto.
Diego miró hacia la escalera, como si de pronto entendiera que el poder también podía volverse una jaula. Durante años había vivido rodeado de secretarias, asesores, choferes, abogados, gente que decidía quién podía acercarse a él.
Y en medio de todo eso, una mujer embarazada se había perdido.
—¿Cuándo lo supiste? —preguntó.
—Un mes después de que dejaste de verme.
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