Entré en mi…

Entré en mi…

Parte 2

Durante los días siguientes, intenté recuperar el control.

Me negué a aceptar que Elena me había vencido.

Después de todo, conocía los secretos de la familia.

Había trabajado dentro de varias empresas conectadas con el grupo durante años.

Tenía contactos.

Información.

Influencia.

O al menos, creía que sí.

Llamé a Elena una y otra vez.

Ella nunca respondió.

Cuando finalmente aceptó conocerme, eligió un elegante café con vistas al Paseo de la Castellana.

Ella llegó sola.

Cálmate.

Sin Pecho.

Como si nunca hubiera sufrido.

“Quiero negociar”, dije.

Levantó una ceja.

“¿Negociar qué?”

“Nuestro divorcio”.

Una débil sonrisa cruzó su rostro.

“Ya está en progreso”.

“Podemos llegar a un acuerdo”.

“Dudo eso”.

“¿Planeas quedarte con todo?”

– No -dijo ella. “Planeo mantener lo que me pertenece”.

Su calma hizo que mi enojo se elevara.

“No puedes destruirme”.

Entonces se rió suavemente.

“Javier, ya estás destruido. Simplemente no lo has aceptado todavía”.

Me puse de pie, furioso.

“Estás cometiendo un error”.

“No”, respondió ella. “El error fue tuyo”.

Esas palabras me siguieron durante días.

Entonces comenzaron las auditorías.

Mis cuentas bancarias estaban congeladas.

Las empresas donde tenía dinero escondido fueron investigadas.

Los ex socios dejaron de devolver mis llamadas.

Otros comenzaron a cooperar con las autoridades.

Lentamente, me di cuenta de que algo andaba mal.

Todo era demasiado preciso.

Demasiado organizado.

Alguien había estado preparando esto durante años.

Semanas después, logré acceder a varios documentos internos.

Y fue entonces cuando encontré la verdad.

Don Ricardo no había iniciado la investigación.

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