Jimena no permitió que Rodrigo dijera una palabra más esa noche.
No quería darle el gusto de lastimarla frente a todos otra vez. Los agentes lo sacaron esposado mientras Aurora gritaba que conocía magistrados, empresarios y gente poderosa. Pero nadie la escuchó.
Brenda huyó del departamento con el vestido manchado de vino y la vergüenza pegada al cuerpo.
Jimena se quedó en medio del comedor, rodeada de platos rotos, copas tiradas y una vida entera que acababa de revelarse como mentira.
Rebeca la abrazó.
—Ya terminó.
Pero Jimena supo que no era cierto.
El divorcio fue rápido.
Rodrigo no pudo pelear el departamento porque había firmado el convenio preparado por Rebeca. Tampoco pudo negar el fraude: las facturas falsas tenían su firma, los correos salieron de su cuenta y las transferencias terminaban en cuentas relacionadas con Aurora.
Fue sentenciado a prisión.
Aurora evitó la cárcel al declarar contra su propio hijo, pero perdió su casa, sus amistades y esa imagen de dama elegante que tanto cuidaba. Las mismas mujeres que antes la invitaban a desayunos en Polanco dejaron de contestarle el teléfono.
Brenda desapareció durante meses.
Jimena supo después que tuvo un niño llamado Leo. Rodrigo no pudo conocerlo recién nacido porque ya estaba preso.
Ella vendió el departamento de la Roma Norte. No quería dormir entre paredes que habían escuchado tanta traición.
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