Eso lo enfureció.
A mitad de la presentación, él se levantó con un micrófono.
—Necesito detener esto —dijo con voz grave—. Como director tecnológico, detecté una falla crítica. La CEO ha comprometido la arquitectura de seguridad. Por responsabilidad, voy a activar un bloqueo de emergencia.
El salón estalló en murmullos.
Doña Elvira, sentada atrás junto a Camila y el niño, sonrió satisfecha. Seguramente creía que su hijo iba a humillar a Valeria frente a todo México.
Mauricio abrió su laptop y presionó varias teclas.
Esperó.
1 segundo.
5 segundos.
10 segundos.
La pantalla gigante siguió funcionando.
Entonces apareció una notificación en su propia laptop:
Acceso denegado. Credenciales revocadas.
Mauricio se quedó inmóvil.
Diego salió desde la cabina con un micrófono.
—Mi nombre es Diego Márquez. Por solicitud legal de la dirección general, se neutralizó una amenaza interna maliciosa. El sistema está seguro.
Los periodistas levantaron las cámaras.
Valeria avanzó al centro del escenario.
—Por transparencia con nuestros inversionistas, hoy debemos informar algo más.
La pantalla cambió.
Aparecieron reportes forenses, transferencias, facturas, empresas fantasma y correos de aprobación firmados por Mauricio.
—Durante los últimos 3 años —dijo Valeria— se desviaron 850,000 dólares de NexaData hacia proveedores inexistentes relacionados con Camila Ríos, Rosa Ríos y cuentas personales usadas para financiar un departamento, gastos privados y una vida paralela.
Camila se levantó de golpe.
Rosa, su madre, intentó caminar hacia la salida, pero seguridad ya estaba ahí con 2 agentes de la Fiscalía.
Mauricio gritó:
—¡Esto es una difamación!
Adriana Luján se puso de pie desde la segunda fila.
—No, señor Salgado. Es evidencia contable, digital y testimonial. Y también tenemos el audio donde usted admite usar accesos tecnológicos para extorsionar a mi clienta.
El rostro de Mauricio perdió todo color.
Doña Elvira se agarró del brazo de la silla.
—Mauricio… dime que es mentira.
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