Yo continué:
—Y según los resultados de ADN, ninguno de los gemelos tiene relación biológica contigo.
Rodrigo parpadeó lentamente, como si alguien hubiera apagado la luz dentro de su cuerpo.
—Eso es mentira.
Valeria reaccionó antes que él.
—¡Esos análisis son falsos! ¡Tú los manipulaste!
Jimena sacó los documentos de cadena de custodia.
—Las muestras fueron tomadas de vasos, cucharas y biberones preservados inmediatamente después de uso. Un laboratorio certificado procesó todo bajo procedimiento legal. Si desean repetirlo por orden judicial, podemos solicitarlo hoy mismo.
Rodrigo giró hacia su madre.
—¿Tú sabías?
Doña Ofelia rompió en llanto.
—Hijo, yo solo quería protegerte.
—¿Protegerme? —su voz se quebró—. ¿Me dejaste creer durante años que Elena era la culpable?
—Ella también lo sabía —dijo doña Ofelia, señalándome como quien intenta repartir una culpa que ya no puede cargar sola.
Rodrigo me miró con rabia.
—¿Tú lo sabías?
—Sí.
—¡Me dejaste vivir ocho años con falsas esperanzas!
Me levanté despacio.
—Yo fui quien se sometió a tratamientos, Rodrigo. Yo fui quien despertó de anestesias pidiéndote perdón por no embarazarse. Yo fui quien escuchó a tu familia decir que quizá Dios no me confiaba hijos por fría. Tú solo mirabas.
Su rostro perdió fuerza.
En ese instante se abrieron las puertas de la sala. Entró Héctor Salinas con su laptop bajo el brazo, listo para la junta extraordinaria donde creía que Rodrigo tomaría control de Almeda después del divorcio.
Se detuvo al ver los papeles sobre la mesa.
Leave a Comment