“Hola. Pasen.”
Apenas entraron, Rodrigo vio el hueco donde antes estaba la lámpara antigua. Mariana notó la vitrina vacía. Luego vio el sistema de cámaras instalado junto a la puerta.
“¿Qué hiciste?”, preguntó.
Teresa señaló la cocina.
“Lucía está arriba. Así que vamos a hablar bajito.”
Sobre la mesa había una nota escrita con letra impecable:
“Bienvenidos. Ya sé todo.”
Mariana la leyó, y la maleta se le cayó de la mano.
PARTE 3
Rodrigo fue el primero en reaccionar. Siempre había sido rápido para sonreír, mentir y ponerse el traje de hombre razonable.
“No sé qué crees que sabes, Teresa, pero estás exagerando.”
Teresa se sentó a la mesa. No levantó la voz. No necesitaba hacerlo.
“Sé que no fueron a Monterrey por inversionistas. Sé que visitaron una notaría, un abogado y un médico dispuesto a firmar dudas sobre mi memoria. Sé que querían pedirme una administración temporal de bienes, vender mi casa y mandarme a una residencia.”
Mariana se puso pálida.
“Mamá…”
“También sé que pensaban enviar a Lucía a un internado para que no estorbara.”
Esa frase quebró algo en el rostro de su hija.
Rodrigo apretó los puños.
“Eso es una interpretación maliciosa.”
Teresa abrió una carpeta. Sacó informes médicos, evaluaciones financieras, copias de estados de cuenta, fotos de documentos falsificados y una memoria USB.
“No es interpretación. Son audios, mensajes, documentos y dictámenes. Todo está respaldado por mi abogado.”
Rodrigo intentó arrebatar la memoria USB, pero Teresa no se movió. Desde la sala, una cámara apuntaba directo a la mesa.
“Cuidado, Rodrigo. Todo lo que hagas aquí queda grabado.”
Él miró el pequeño lente negro y retrocedió.
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