La realidad es que ambas posturas tienen algo de razón. Desde el punto de vista de seguridad alimentaria, consumir la vena no suele ser peligroso si el camarón está bien cocido. Pero desde el punto de vista gastronómico y estético, quitarla sí marca una diferencia notable. Los chefs y amantes de la cocina más cuidadosos suelen hacerlo para garantizar un sabor más limpio y una presentación más apetecible.
Quitar la vena, además, puede ser una tarea sencilla con un poco de práctica. Existen dos formas comunes: con el camarón crudo o ya cocido. En el primer caso, se hace un pequeño corte a lo largo del lomo con un cuchillo fino o un palillo, y luego se extrae con cuidado. En el segundo, se puede retirar una vez que la cáscara esté fuera, aunque puede resultar un poco más complicado porque el calor endurece la carne.
Algunos se preguntan si todos los camarones la tienen visible, y la respuesta es no. En especies más pequeñas, esa línea suele ser casi imperceptible. En los camarones más grandes, en cambio, destaca más por su tamaño y color. Incluso, hay quienes eligen comprarlos ya “desvenados” para ahorrarse el proceso, especialmente cuando se trata de preparar grandes cantidades.
Otro dato interesante es que, además del intestino dorsal, el camarón también tiene una vena inferior, en la parte delantera del abdomen. Sin embargo, esta es una especie de arteria que no contiene restos de alimentos, por lo que no representa ninguna preocupación. Por eso, la que realmente importa a la hora de limpiar el camarón es la línea superior.
Más allá del aspecto culinario, hay otro punto importante: la higiene. El marisco en general puede contener bacterias o parásitos si no se manipula correctamente. Por eso, aunque el camarón pase por una cocción completa, lavarlo y desvenarlo siempre será una buena práctica. Así te aseguras de eliminar cualquier partícula de arena, suciedad o residuos que puedan afectar la calidad del plato.
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