Las condiciones que provocan la pérdida de adherencia pueden ser muy variadas. Entre las más comunes se encuentran:
- Presencia de humedad o lluvia sobre el asfalto.
- Acumulación de barro arrastrado desde caminos vecinos.
- Gravilla suelta o restos de material en la superficie.
- Pavimento deteriorado, con baches o desgaste pronunciado.
- Derrames de combustible o aceite en sectores puntuales.
Estas situaciones reducen el contacto efectivo entre los neumáticos y la calzada, aumentando las probabilidades de que el vehículo pierda estabilidad ante una frenada, una curva o un cambio brusco de dirección.
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