Continué leyendo los documentos.
Entonces encontré algo todavía peor.
Un memorándum firmado por Verónica Mendoza.
Decía:
«No se recomienda ningún contacto adicional con la familia de la otra sobreviviente. Cualquier interacción podría generar responsabilidades legales innecesarias. Caso cerrado.»
Caso cerrado.
Así se había referido a mi hija.
Como si fuera un problema administrativo.
Como si su vida no importara.
Sentí una mezcla de furia e impotencia.
—Ella sabía que Sofía estaba viva.
—Sí.
—Sabía que existía una madre buscándola.
—Sí.
—Y decidió ignorarnos.
Alejandro asintió.
—Por eso necesitaba que estuvieras aquí.
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