No es que el anestésico no funcionara.
Funcionó… pero desperté antes de tiempo.
No podía moverme.
No podía abrir los ojos.
Pero podía escuchar.
El monitor cardíaco marcaba un ritmo lento y constante.
Y entonces oí la voz del cirujano, doctor Ricardo Salazar, mi amigo de décadas.
—El informe de paternidad guárdalo en el sobre. No puede verlo ahora. Su presión está inestable.
Otra voz respondió:
—¿Y si pregunta?
—Dirán que es un examen de rutina. Nada más.
Sentí un frío imposible de explicar.
Informe de paternidad.
¿De quién?
Leave a Comment