El cerebro humano está diseñado para detectar cambios, no permanencias. Aquello que siempre está, que nunca falla, que es estable, deja de ser registrado de forma consciente. Así como nadie piensa en el aire que respira hasta que falta, muchas veces el amor materno queda fuera del foco precisamente por su constancia.
La madre suele convertirse en “el paisaje”: imprescindible, pero invisible. No porque no importe, sino porque el hijo da por sentado que siempre estará ahí. Este mecanismo neurológico no es una decisión consciente, pero puede generar una profunda sensación de desvalorización en quien ama sin condiciones.
2. La distancia necesaria para convertirse en uno mismo
Para crecer psicológicamente, todo hijo necesita separarse emocionalmente de sus padres. Este proceso, conocido como individuación, implica cuestionar, discutir, marcar diferencias y tomar distancia
Lo que para el hijo es una búsqueda de identidad, para la madre muchas veces se vive como rechazo o abandono. Sin embargo, en muchos casos no hay falta de amor, sino una necesidad de afirmar el propio “yo”. Cuando esta distancia se vive con culpa o se intenta impedir, suele intensificarse aún más.
Leave a Comment