El pollo es valorado principalmente por su aporte de proteína, un nutriente necesario para el mantenimiento de músculos, tejidos y funciones básicas del organismo. Además, suele ser una opción accesible y fácil de combinar con verduras, cereales, legumbres y distintas guarniciones.
Las partes más magras, como la pechuga sin piel, suelen tener menos grasa que otros cortes. Esto no significa que sea obligatorio consumir solo esa parte, sino que conviene elegir según las necesidades personales, el tipo de receta y el balance general de la dieta.
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