Entonces llegó la parte que dejó a todos sin palabras.
«Mi última voluntad es que una parte de mi patrimonio sea destinada a un fondo para los tratamientos médicos y la educación futura de Mateo Mendoza.»
«Ningún niño debería sufrir porque su familia no puede costear la atención que necesita.»
«Este fondo se llamará Fondo Segunda Oportunidad.»
La sala quedó paralizada.
Valeria apenas podía respirar.
El abogado levantó la vista.
—El fondo contiene doscientos mil dólares.
La joven rompió en llanto.
Aquella suma cubriría los tratamientos de Mateo, su rehabilitación y sus estudios futuros.
Su madre ya no tendría que trabajar hasta el agotamiento.
Por primera vez en años, la familia podía mirar el futuro con esperanza.
Pero aún quedaba algo más.
El abogado le entregó un sobre.
La letra era inconfundible.
Era de Don Ricardo.
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