Vinieron juntos.
Se sentaron frente a mí.
Disculpas. Ofertas. Ayuda.
Pero debajo de todo… control.
Entonces me puse de pie y dije:
—No necesito protección. Necesitaba respeto.
Silencio.
No hubo respuesta.
Porque la verdad, cuando llega, no necesita explicación.
Mi nueva vida
Me mudé.
Mi mejor amiga Dora estuvo conmigo.
Cuando cerré la puerta de mi casa, sentí algo que había olvidado:
Libertad.
Real.
Profunda.
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