La sonrisa de Victoria desapareció tan completamente que nunca había estado allí.
—Ryan —respiró ella. – No lo entiendes.
“Lo entiendo todo”. Su tono permaneció en calma, lo que de alguna manera lo hizo aún más aterrador. “Aléjate de mi esposa”.
Los dos hombres con trajes se desplazaron incómodamente cerca del pasillo. La mirada de Ryan se movió hacia ellos.
“Y ustedes dos se quedan exactamente donde están.”
Uno de ellos intentó reírse. “Capitán, esto es un asunto familiar”.
Ryan lo miró directamente. “No. Se trata de extorsión, fraude, restricción ilegal y una amenaza contra una mujer embarazada. Siéntate”.
El hombre se sentó.
Victoria se recuperó primero. Siempre lo hacía. Levantando la barbilla, se paró con sus perlas brillando contra su cuello.
“Ella te está manipulando”, se rompió. “Yo estaba protegiendo a su hijo. Falsificó documentos. Ella planeaba huir con el bebé y su dinero”.
Casi me río. Incluso con el hierro todavía en su mano, estaba tratando de presentarse como la víctima.
Ryan dirigió su atención hacia mí.
—Emily —dijo con suavidad—, ¿estás herida?
Me sacudí la cabeza, aunque mi garganta se quemó. – Todavía no.
Algo cambió en su expresión.
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