Una vida con sentido no se mide por fama, cargos ni grandes discursos. Muchas veces se nota en la manera de tratar a los demás, en la paciencia que se aprende tarde, en la humildad para pedir perdón o en la decisión de no pasarle a otra generación una carga que ya fue demasiado pesada.
Si naciste entre 1945 y 1965, tal vez la pregunta más útil no sea si tienes una misión final, sino qué parte de tu experiencia todavía puede convertirse en guía, alivio o aprendizaje para alguien más.
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