Toda misión simbólica también tiene obstáculos. Uno de ellos es apegarse demasiado a la seguridad material, como si el valor personal dependiera solo de lo que se logró acumular. Otro es creer que haber vivido más da permiso para mirar a los demás desde arriba.
También aparece el cansancio: esa sensación de haber sostenido demasiado durante muchos años. Cuando eso ocurre, conviene bajar el ritmo y distinguir entre agotamiento real y pérdida de sentido. A veces la tarea no es hacer más, sino hacer menos con más conciencia.
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