De jóvenes creemos que la vida consiste en alcanzar metas, trabajar duro, acumular cosas y demostrar valor constantemente.
Pero la vejez cambia completamente esa perspectiva.
Una mañana tranquila se convierte en un lujo. Un día sin estrés vale más que impresionar a alguien. Y las personas que nos rodean terminan definiendo gran parte de nuestra felicidad o nuestro agotamiento.
Alejarse de ciertas personas no significa odiarlas. Tampoco significa perder la compasión. Muchas de ellas probablemente cargan heridas propias.
Pero hay una verdad que muchas personas aprenden demasiado tarde: puedes amar a alguien y aun así protegerte del daño que te provoca.
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