A diferencia de las luces intermitentes o el triángulo reflectivo, la tela blanca no figura en ningún manual de manejo ni en las leyes de tránsito. Se trata de una costumbre que se fue extendiendo entre los conductores como una forma improvisada de comunicar una urgencia mientras el vehículo está en movimiento o detenido al costado del camino.
La elección del color no es casual: el blanco se asocia históricamente con la tregua, la paz y el pedido de ayuda. Por eso, al verlo flamear desde una ventanilla, muchos automovilistas interpretan que algo no está bien dentro del auto y prestan mayor atención.
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