Cuando un sacerdote celebra una misa con la intención de aplicarla por un alma, la Iglesia enseña que los frutos de ese sacrificio eucarístico se dirigen de manera especial a beneficio de esa persona. La tradición distingue tres tipos de frutos de la misa:
- Fruto general: alcanza a toda la Iglesia.
- Fruto especial o ministerial: se aplica por la intención específica del sacerdote o del fiel que la solicita.
- Fruto personal: recibido por quienes participan activamente en la celebración.
Por esta razón, los fieles suelen solicitar misas por familiares y amigos fallecidos, confiando en que esta ofrenda contribuye a su purificación y al encuentro definitivo con Dios.
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