El sistema completo, conocido como PRIMA, trabaja en conjunto con unas gafas especiales equipadas con una microcámara. Esta cámara registra la escena, convierte la imagen en señales infrarrojas y las proyecta sobre el chip implantado. De esta forma, el microchip actúa como un puente entre el mundo exterior y las células que aún pueden responder, abriendo una nueva vía de comunicación visual.
Uno de los aspectos más valorados por los expertos es que el implante funciona sin cables ni baterías internas, lo que disminuye riesgos quirúrgicos y permite preservar la visión periférica natural del paciente. Mantener esta capacidad es esencial para orientarse, caminar y realizar actividades cotidianas con seguridad.
El ensayo clínico se desarrolló en varios centros europeos y reunió a decenas de participantes con pérdida central severa. Tras meses de seguimiento, los investigadores observaron que la mayoría recuperó una visión central lo suficientemente clara como para identificar letras, leer palabras o distinguir objetos simples. En términos de mediciones oficiales, los pacientes lograron avances significativos en las pruebas de lectura, superando las expectativas iniciales del equipo científico.
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