Nunca me quisiste, Jessica. ¿Querías la versión de mí? ¿Querías al hombre que podías modelar? Al que nunca te llevaba a la contraria, al que siempre cedía, pero jamás me conociste de verdad. Victoria me miró y asintió sutil. Luego a los directivos. Señores, señora Chen, gracias por asistir. Pueden irse. Uno a uno regresaron a sus autos. El Rolls-Royce permaneció. ¿Vienes? Victoria me indicó el vehículo. Miré a Jessica por última vez. Estaba rota llorando en brazos de su hermana, su familia callada, seguramente sumando lo perdido.
¿A dónde vamos? Inquirí. Victoria sonrió y ahora sí llegó a sus ojos. A casa. Tenemos mucho por discutir. Subí al Rolls-Royce. El interior olía a cuero fresco y aroma lujoso. Victoria se sentó enfrente, cruzó piernas con gracia y me escrutó en silencio mientras el auto arrancaba. ¿Cuánto tiempo llevas orquestando esto?, le pregunté al fin. Desde el instante en que te observé en esa celebración navideña, contestó, cuento con conocidos en todos los ámbitos. Supe lo ocurrido esa velada en menos de 2 horas y resolví que había llegado el momento de intervenir.
¿Por qué? Victoria dirigió la vista hacia el exterior contemplando cómo la urbe se deslizaba a gran velocidad. Porque te conozco desde hace 5 años. Colaboramos durante todo ese periodo y jamás, ni en una ocasión te vi reclamar algo para ti. Todo era para ella, para sus seres queridos, para procurar su dicha. Tenía motivo, siempre había actuado así. ¿Y por qué? Victoria giró para observarme. Porque yo también atravesé una situación parecida hace mucho y nadie se hallaba presente cuando lo requería.
No consentiré que te suceda igual. El vehículo se detuvo ante un inmueble que no identifiqué. Victoria descendió primero y yo la imité. Ingresamos a un vestíbulo de mármol con alturas de 6 m. El conserje la saludó por nombre. Ascendimos en un ascensor exclusivo hasta el nivel 30. Al abrirse las puertas nos encontrábamos en un ático que abarcaba la planta entera. Ventanales de suelo a techo brindaban una panorámica total de la metrópoli. Toma asiento. Victoria indicó un sofá de cuero claro.
Debemos dialogar sobre el porvenir. Tú porvenir. Me acomodé aún asimilando lo recién vivido. Victoria se sirvió un whisky de una botella de cristal y me propuso uno. Lo acepté. Requería algo potente tras esa jornada. Lo acontecido allá afuera fue apenas el inicio. Victoria expresó al sentarse frente a mí. Jessica y sus parientes intentarán localizarte, implorarán, jurarán modificarse, harán lo imposible por recuperarte. No regresaré con ella, lo sé, mas debes prepararte para lo venidero. Victoria bebió un trago de su whisky porque ahora inicia la fase donde asumimos el mando de veras.
¿A qué te refieres? Victoria sonrió de ese modo que me indicaba. Poseía una estrategia, una que seguramente gestaba desde meses, tal vez años. Quiero decir que es hora de que el mundo conozca tu verdadera identidad y de que Jessica y sus allegados afronten las repercusiones de sus actos. Me recliné en el sofá sintiendo por primera vez en meses que podía inhalar con libertad. “¿Qué planeas?” “Todo en su momento.” Victoria replicó. Primero precisas reposar. Mañana arrancamos, pero por ahora solo deseo que sepas algo.
¿Qué, Pai? que jamás permitirás que alguien te menosprecie como si no valieras, pues vales más de lo que ellos imaginan y me encargaré de que todos lo comprendan. Desperté en un cuarto desconocido. Las sábanas eran de algodón egipcio. Lo notaba. La luz ingresaba por ventanales amplios, sin persianas. Tardé un segundo en recordar el sitio. El ático de Victoria. Me incorporé y hallé prendas nuevas plegadas en una butaca, un traje gris oscuro, camisa blanca, corbata azul marino, todo en mi medida precisa.
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