He cambiado las cerraduras. Cambiaron mis rutinas. Aprendió lo rápido que la certeza puede evaporarse, y cuán poderosa puede ser la calma cuando el caos espera lágrimas.
Si estás leyendo esto, recuerda: no le debes honestidad a alguien que construyó su vida en mentiras. Te lo debes a ti mismo.
Así que pregúntate:
Si tus planes cambiaran mañana, ¿en qué verdad podrías volver?
¿Lo confrontarías o lo estudiarías hasta que lo revelara todo?
Y si el silencio te diera ventaja, ¿la usarías sabiamente?
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