Esta costumbre proviene de una analogía con la bandera blanca en contextos históricos y militares, la cual simboliza paz, tregua o neutralidad (un aviso de «no vengo a pelear, vengo indefenso»). En el asfalto, se traduce como un mensaje de vulnerabilidad: «No estoy rompiendo las reglas de tránsito por imprudencia, sino por necesidad extrema».
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